La Conquista y la Organización de los Gobiernos Coloniales

 

Antecedentes Históricos

 

En 1519, cuando los españoles invadieron Mesoamérica, los mexicas habían creado un gran imperio y oprimido a decenas de pueblos, a los que cobraban tributo. Hernán Cortés aprovechó el descontento de los pueblos sometidos por los mexicas; integró una coalición militar con varios de ellos formó un numeroso ejército. Al frente de la coalición, Cortés se enfrentó a los mexicas y los venció para consumar la conquista.

 

PRIMEROS VIAJES Y ESTLABECIMIENTOS

 

            EN 1492, Cristóbal Colón y sus hombres llegaron a tierras del actual continente americano. La española (Santo Domingo), Cuba y otras islas antillanas fueron los primeros territorios de América conquistados y colonizados por loa españoles. El oro de dichas islas resultó insuficiente para sus ambiciones, por lo que pronto se lanzaron a conquistar otros lugares del continente.

 

            A principios del siglo XVI, Diego Velázquez era gobernador de Cuba; desde allí organizó expediciones al territorio mexicano. Francisco Hernández de Córdoba realizó la primera en 1517; recorrió las costas de la península de Yucatán y descubrió varias poblaciones; entabló batallas contra grupos indígenas organizados, pero fue derrotado.

 

La Segunda expedición tuvo lugar en 1518 y fue dirigida por Juan de Grijalva, quien exploró la costa del Golfo de México, desde Yucatán hasta el norte se Veracruz. Grijalva entró en contacto con algunos grupos indígenas; por medio de ellos se enteró de la existencia de un pueblo guerrero muy poderoso que dominaba una extensa y rica región: los aztecas o mexicas. Interesado en las grandes riquezas descritas por los expedicionarios de Grijalva, Diego Velázquez encargó a Hernán Cortés dirigir la tercera expedición, cuyo propósito era explorar tierras desconocidas y efectuar intercambios con sus habitantes.

 

La expedición de Cortés salió de Cuba en febrero de 1519 y se dirigió a la isla de Cozumel, donde se unió Jerónimo de Aguilar, quien había naufragado en una expedición anterior. Prosiguió el viaje bordeando la península de Yucatán hasta llegar al actual estado de Tabasco, donde las fuerzas españolas se enfrentaron con los indígenas.

 

Cortés derrotó a los nativos y recibió de ellos muchos presentes como muestra de sumisión. Los indígenas, para evitar males mayores, regalaron a los españoles 20 mujeres, entre las cuales se encontraba Malintzin, después bautizada como la doña marina, quien se convirtió en intérprete, informante y consejera de Hernán Cortés.   

 

Cortés prosiguió su avance y fundó la Villa Rica de la Vera Cruz. Consiguió que el Ayuntamiento, constituido por sus hombres, lo nombraran capitán general y justicia mayor; de esta manera se independizó de Diego de Velázquez. Éste esperaba que Cortés regresara a Cuba y le informara los resultados de la expedición.

 

 

 

 

La dominación militar de los pueblos indígenas de México

 

            Después de la fundación de la Villa Rica de la Vera Cruz, los españoles continuaron la marcha y llegaron a Cempoala, capital de los Totonacas. Allí, el cacique de la región informó a cortés que los cempoaltecas, igual que otros pueblos, eran tributarios de Moctezuma, señor de los mexicas. Le confió que tanto ellos como los pueblos sometidos al poderío mexica estaban dispuestos a luchar por su libertad. Cortés se dio cuenta de la situación que prevalecía entre los pueblos nativos y de inmediato acordó una alianza con varias tribus totonacas. De este modo consiguió sus primeros aliados indígenas.

 

            Cortés y sus hombres marcharon hacia el valle de México en agosto de 1519. Arribaron al territorio de los tlaxcaltecas, donde tuvieron oportunidad de demostrar su superioridad militar en diversas batallas. Los jefes tlaxcaltecas decidieron someterse a los españoles y colaborar con ellos. En Cholula, con el pretexto de una supuesta emboscada organizada por Moctezuma, el ejército de Cortés y sus aliados tlaxcaltecas atacaron a la población y mataron a miles de personas; además, destruyeron los templos y otras construcciones. Con el apoyo de Ixtlilxóchitl, que pretendía ocupar el trono de Texcoco, los españoles se dirigieron a Tenochtitlan. Moctezuma los recibió a fines de 1519 con grandes honores y los hospedó en el palacio de Axayáctl. A pesar del cordial recibimiento, cortés apresó a Moctezuma y lo retuvo en calidad de prisionero, lo que causó el malestar de la población.

 

            Mientras esto ocurría, Diego Velázquez, gobernador de Cuba, seguía interesado en la conquista de las tierras exploradas por cortés, quien intentaba apoderarse del señorío mexica por cuenta propia.

 

            Velázquez envió una expedición, dirigida por Pánfilo de Narváez, con el fin de quitarle el mando a Cortés, capturarlo y llevarlo a Cuba en calidad de prisionero. Cuando Cortés se enteró de que Narváez había avanzado hasta Cempoala, eligió algunas tropas y al frente de ellas salió de Tenochtitlan para combatirlo; la otra parte de su ejército, al mando de Pedro de Alvarado, permaneció en la capital de los mexicas.

 

            Cortés obtuvo una rápida victoria sobre Narváez, a quien tomó prisionero. La mayoría de los vencidos se unió a las fuerzas del conquistador español. Mientras tanto, los mexicas celebraban la fiesta en honor de Huitzilopochtli y Tezcatlipoca; poco más de 700 nobles y altos funcionarios, ricamente ataviados se reunieron en el templo para participar en la ceremonia. Pedro de Alvarado ordenó a sus soldados asaltar el templo mayor y masacrar a los allí reunidos; los asesinaron y despojaron de sus ornamentos de oro y plata. Cuando los mexicas se enteraron de la matanza, se organizaron y confiaron al mando de Cuitláhuac; sitiaron el palacio donde los españoles estaban alojados.

 

            Cortés regresó a Tenochtitlan e intentó apaciguar a los mexicas mediante la intervención de Moctezuma, pero éste había perdido su autoridad; los mexicas, en lugar de obedecer sus órdenes, lanzaron piedras contra él y le dieron muerte. Algunos historiadores sugieren que los mismos españoles lo asesinaron, pues había caído en desgracia y ya no les reportaba ningún beneficio. Cuitláhuac, quien fue sustituido por Cuauhtémoc.

 

 

            Ante esta situación, Cortés decidió salir sigilosamente de Tenochtitlan y establecerse en territorio tlaxcalteca. Pero cuando lo intentó, la noche del 30 de junio de 1520, los españoles fueron sorprendidos y derrotados por los guerreros mexicas; en esta batalla murieron más de 400 españoles y unos 4 mil indios aliados. A pesar de esta derrota, Cortés y parte de sus tropas salieron de la ciudad; se dirigieron a Tlaxcala, donde pasaron algunas semanas para reponerse del desastre, reorganizarse y prepararse para la conquista de Tenochtitlan. Cortés emprendió la marcha hacia el Valle de México en diciembre de 1520. en el trayecto, los españoles y sus aliados indígenas conquistaron las poblaciones aledañas a Tenochtitlan y los pueblos ribereños, con lo cual consiguieron aislar a la gran ciudad.

 

            A fines de mayo de 1521 empezó el sitio de Tenochtitlan. Cortés envió contra la capital mexica un ejército compuesto por decenas de miles de hombres; las fuerzas principales estaban integradas por los Tlaxcaltecas y los texcocanos de Ixtlilxóchitl. Al frente de los mexicas, Cuauhtémoc consiguió resistir al ataque durante varias semanas. El sitio se prolongó 75 días; en ese período, cientos de cadáveres se amontonaron en las calles de ciudad, por lo que la epidemia de viruela se agudizó; la falta de agua y alimentos debilitaron aún más el ejército mexica. El 13 de agosto de 1521, los españoles capturaron a Cuauhtémoc y se apoderaron de la ciudad de México – Tenochtitlan y de los dominios mexicas.

 

            Consumada la Conquista de Tenochtitlan, Cortés reorganizó los territorios capturados, nombró autoridades y distribuyó tierras entre sus capitanes y soldados. Las tierras incluían a los indígenas que las habitaban. Los pueblos indígenas aliados de los españoles veían en Cortés a su libertador, pero no se beneficiaron del derrumbe de los mexicas, pues se libraron del dominio de éstos, pero quedaron sujetos al despotismo de los españoles.

 

            El proceso de conquista prosiguió tras la caída de Tenochtitlan. Los españoles se lanzaron sobre los señoríos. Estas campañas de conquista no requirieron grandes esfuerzos por parte de los españoles, pues algunos grupos indígenas, como el purépecha (que habitaban el actual estado de Michoacán) y los de la zona de Tehuantepec, prefirieron pactar su rendición. En otros casos, la resistencia a la dominación española duró más de dos décadas, como en el caso de los mayas. Hacia 1524, los españoles controlaban Oaxaca, Chiapas, el Soconusco y Guatemala. Los grupos chichimecas seminómadas, que habitaban en el norte de lo que hoy es México, resistieron los ataques de los españoles durante largo tiempo, sólo fueron sometidos hasta muy avanzado el siglo XVIII.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las ventajas de la técnica y la organización de los conquistadores

 

            Los indígenas se encontraban en desventaja frente a los conquistadores españoles, pues éstos contaban con una técnica militar más avanzada que la de los pueblos mesoamericanos. Desde un principio tanto las armaduras, caballos y armas de fuego como los barcos de los invasores intimidaron a los indígenas, que desconocían estos elementos de guerra. Las técnicas militares empleadas por los españoles en América habían surgido como resultado de la experiencia de éstos en la guerra de reconquista española, cuando lucharon contra los musulmanes, quienes ocuparon casi todo el territorio de España durante ocho siglos. A finales del siglo XV, los españoles combatieron contra los musulmanes, los vencieron y los expulsaron de la península española. Esto ocurrió unos veintiocho años antes del comienzo de la conquista de México Tenochtitlan.

 

Factores sociales y políticos que facilitaron la conquista

 

Los aspectos de la organización indígena que posibilitaron la conquista fueron diversos; destacan la rivalidad entre los pueblos mesoamericanos, la lucha por el poder entre los mexicas y la indecisión de Moctezuma.

 

La rivalidad entre los pueblos mesoamericanos. Uno de los principales sostenes de la economía mexica fue la guerra, pues la empleaban como medio para apoderarse del tributo de los pueblos conquistados. Cuando los españoles llegaron, casi 370 pueblos eran tributarios de los mexicas. Cortés se dio cuenta del profundo descontento de estos pueblos contra el dominio mexica, aprovechó la situación para establecer acuerdos y alianzas con varios de ellos y les ofreció protección. Entre los pueblos que se aliaron con Cortés destacaron los cempoaltecas, tlaxcaltecas y los grupos de Texcoco leales a Ixtlixóchitl. Los mexicas fueron derrotados por una coalición de pueblos indígenas, organizada y encabezada por los conquistadores españoles y dirigidos por Cortés y sus oficiales.

 

La lucha por el poder entre los mexicas. Los grupos dirigentes que controlaban el poder político, religioso y militar se enfrentaban entre ellos para imponer sus opiniones y adquirir una mayor autoridad; esos grupos poderosos se disputaban el poder. Cuando los españoles invadieron los dominios mexicas el poder estaba  en manos del grupo de Moctezuma, aliado con la aristocracia hereditaria y con los altos funcionarios, encargados de la administración del imperio. Los sacerdotes, militares y grandes comerciantes también  formaban grupos que pretendían conquistar el poder. Esta división de los círculos dirigentes mexicas, así como el fervor religioso, es decir, las creencias acerca de la naturaleza divina de los europeos, debilitaron a los mexicas y favorecieron en gran medida a los conquistadores.

 

La indecisión de Moctezuma y la división de la clase dirigente. Según las crónicas de la época, Moctezuma creía que cortés era el Dios Quetzalcóatl que había regresado para recuperar su trono, y por ello rechazó las opiniones de los jefes militares y de la aristocracia, quienes le aconsejaban que enfrentara con decisión de los ataques de los extranjeros y adoptara medidas urgentes para organizar la defensa militar del imperio. Moctezuma se aferró a sus creencias religiosas y no atendió los consejos de otros grupos; su indecisión provocó el avance de los españoles y el estrepitoso derrumbe del imperio.

 

La organización política durante la Colonia

 

El primer gobierno de Nueva España fue el de Hernán Cortés (de 1521 a 1524). El jefe de las fuerzas españolas ejerció el poder de manera absoluta durante la Conquista; repartió las primeras Encomiendas entre sus capitanes y soldados, y organizó el control  de los colonizadores sobre la población indígena.

 

La Corona española designó, en 1528, la Primera Audiencia, la cual se encargaría de gobernar Nueva España; la actuación de este gobierno fue desastrosa; realizó sangrientas persecuciones, cometió varios crímenes y entregó encomiendas a favoritos y amigos. Los intereses de la Corona española y la de los encomenderos entraron en conflicto. La primera pretendía imponer su dominio en los territorios conquistados, en tanto que los segundos aspiraban a ejercer un poder absoluto en sus posiciones a través de las encomiendas.

 

Con el fin de controlar la ambición de los conquistadores y de asegurar su dominio político, la Corona española se reservó el derecho de propiedad sobre las tierras y dividió la sociedad colonial en dos sectores: la república de indios  y la República de españoles. En 1531 se estableció la Segunda Audiencia, la cual fue presidida por Sebastián Ramírez de Fuenleal; ésta adopto diversas disposiciones para debilitar al grupo de conquistadores: ordenó la incorporación a la Corona española de muchas encomiendas que la Primera Audiencia había entregado a sus favoritos, y preparó la instauración del Virreinato. De esta manera los conquistadores fueron apartados del poder y sustituidos por funcionarios designados por la Corona española.

 

En 1535 Antonio de Mendoza, designado primer virrey de Nueva España por Carlos I, monarca español, llegó a la Ciudad de México para instaurar el virreinato, que perduró tres siglos.

 

División y Administración Territorial

 

            En los primeros años de la colonia, los españoles aprovecharon los límites geográficos de la organización de los pueblos prehispánicos; Reino de México; Reino de Michoacán y Reino de Tlaxcala, ahora con la denominación de provincias. Conforme pasaba el tiempo nuevas expediciones descubrían y colonizaban más territorios, a los que se les asignaban otros nombres.

 

            Pero al instituirse el Virreinato de Nueva España, el territorio quedó dividido en cuatro provincias: Michoacán, México, Guazacualco (Coatzacoalcos) y la de los Mixtecas. Esta división no abarcaba todo el territorio ocupado debido a que los colonizadores continuaban explorando y conquistando nuevas regiones. Hacia mediados del siglo XVI se constituyó la Audiencia y Cancillería Real de México en Nueva España, con sede en la ciudad de México, que comprendía el territorio descubierto en la parte norte de México y una parte de América Central. Al poco tiempo se formó la Audiencia de Centroamérica, independiente de la de México. De ésta dependían al principio las provincias de Chiapas, Yucatán y Cozumel; pero al poco tiempo pasaron a formar parte de la Audiencia de México, lo mismo que la de Tabasco. Se formó también en Guadalajara la Audiencia de Nueva Galicia, dentro de la cual quedaron circunscritas Culiacán y Colima.

 

            El virreinato quedó dividido entonces en dos grandes porciones: Audiencia de México y Audiencia de Guadalajara, las que a su a vez se subdividían en gobernaciones, corregimientos y alcaldías mayores. La división política y administrativa que perduró desde finales del siglo XVI hasta parte del XVIII, organizaba al virreinato en 23 provincias mayores; cinco formaban el Reino de México, tres el Reino de Nueva Galicia, dos la Gobernación de la Nueva Vizcaya y tres la Gobernación de Yucatán. Esta fue la organización que sirvió de base para las divisiones posteriores.

 

            A finales del siglo XVIII, Carlos IV estableció el sistema de Intendencias, es decir, en la nueva división territorial ejercía jurisdicción un nuevo tipo de funcionarios: los intendentes. Se organizaron en total 12 intendencias: México, Puebla de los Ángeles, Nueva Veracruz, Mérida de Yucatán, Antequera de Oaxaca, Valladolid de Michoacán, Santa Fe de Guanajuato, san Luis Potosí, Guadalajara, Zacatecas, Arizpe (Sonora y Sinaloa) y Durango. Todas ellas tomaron su nombre de la ciudad que fue su capital. La ordenanza real que dio origen a las intendencias consideraba además tres provincias: Nuevo México, Alta o Nueva California y Baja  o Vieja California; y una gobernación, Tlaxcala.

 

Estos territorios fueron gobernados de acuerdo con la siguiente jerarquía: el Rey de España, quien ejerció un poder absoluto, despótico y patriarcal; desarrollo un gobierno centralizado para facilitar el control de las colonias. Su autoridad alcanzaba a todos los órdenes del gobierno, en lo civil y en lo eclesiástico. Designaba personalmente a los más altos funcionarios y ratificaba a los que eran nombrados en los dominios de América.

 

Luego seguía el Consejo de Indias, establecido en 1524 con la finalidad de auxiliar al rey en la administración de los reinos y provincias de ultramar. El consejo de encargaba de dictar las ordenanzas y disposiciones aplicables en los dominios indianos, disponía sobre la Real Hacienda, otorgaba licencias para diversas actividades económicas y ratificaba los nombramientos del virrey. Además, desempeñaba la función de tribunal supremo y conocía las quejas contra las principales autoridades de los dominios de ultramar.

 

En tercer lugar estaba el virrey, quien fungía como representante directo del rey, jefe supremo de la administración colonial, capitán general y gobernador de la Nueva España, presidente de la Audiencia de México, vicepatrono de la iglesia y superintendente de la Real Hacienda. El virrey se encargaba de nombrar a las autoridades regionales, de otorgar Mercedes (el virrey otorgaban a las personas que habían dado un servicio a la Corona) de tierras como recompensa por servicios prestados, de construir obras públicas, de ejecutar las decisiones de la Real Audiencia, de vigilar la cobranza de las rentas reales, de ordenar la acuñación de moneda y de dirigir el ejército.

 

En el cuarto lugar aparece la Audiencia, compuesta por un presidente (el virrey), por oidores; ejercían gran autoridad y controlaba las iniciativas del virrey; lo asesoraba y, en ocasiones, asumía el gobierno durante su ausencia.

 

Los gobernadores fueron los funcionarios encargados de regir los reinos y provincias del virreinato, dependían del virrey de Nueva España y sus poderes y facultades eran semejantes a los de éste, pero sólo en los aspectos políticos y administrativos. También se introdujeron los corregidores con el propósito de que administraran los pueblos de indios, que tributaban directamente a la Corona española.

 

Desde el siglo XVII, los corregimientos y las  alcaldías mayores se confundieron. Los  corregimientos y las  alcaldías mayores ejercían un poder muy amplio en sus distritos; entre sus funciones estaban recolectar el tributo de los indígenas, vigilar a los encomenderos, dictar disposiciones acerca de caminos y transportes, e intervenir como representantes de las autoridades centrales en el gobierno de las ciudades y villas de españoles y de los pueblos de indígenas.

 

Para gobernar las ciudades y villas de españoles y los pueblos de indígenas se estableció el Ayuntamiento o Cabildo, cuya sede era la alcaldía mayor o regimiento. Los funcionarios de los cabildos o ayuntamientos eran los alcaldes ordinarios, facultados para juzgar y decidir en casos menores, y los regidores, encargados de la administración y de los servicios públicos de la localidad.

 

La república de indígenas estuvo gobernada por el cacique; un gobernador, especie de corregidor o alcalde mayor indígena; uno  dos alcaldes, varios regidores y un número variable de funcionarios inferiores, como mayordomos, escribanos y alguaciles. Las principales funciones del indígena consistieron en cobrar tributo y organizar la policía local.

 

El Burocratismo

 

            A partir del momento en que la Corona asumió la administración colonial, envió a Nueva España una gran diversidad de funcionarios para atender los distintos asuntos y contrarrestar el poderío adquirido por los soldados conquistadores, quienes constituían un obstáculo para las pretensiones de control de la Corona. Además, existían diferentes tribunales dedicados a ventilar temas políticos, judiciales, mercantiles y aún religiosos. Así, el resultado fue la curación de una numerosa burocracia responsable de consumir los recursos del erario público (dinero de la nación) y de ejercer una administración ineficiente.

 

            La gran cantidad de empleos generaba gastos excesivos; por lo tanto, la Corona siempre enfrentaba problemas financieros. Por ejemplo, los cargos públicos se vendían y se compraban como cualquier mercancía, y esto propiciaba que los españoles y criollos que formaban parte de la administración desempeñaron sus cargos buscando siempre enriquecerse, recuperar el dinero invertido en el cargo y explotar más a indígenas y mestizos.

 

            A lo anterior había que sumar el hecho de que cualquier trámite era embrollado: todas las decisiones importantes dependían directamente del rey, de manera que las ordenanzas viajaban por mar durante casi dos meses, desde España hasta América; además, por lo general las noticias y la correspondencia llegaban tarde y tergiversadas. Asimismo, la documentación generada en Nueva España tardaba meses en regresar a la metrópoli, debido al tipo de comunicación marítima de la época.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Evolución de la Población

 

Los efectos de la conquista sobre la población indígena, la “catástrofe demográfica

 

            El hecho histórico de la conquista significó el encuentro y la fundación de dos culturas; pero también constituyó un choque brutal entre dos pueblos. Las consecuencias de este choque derivaron en una gran catástrofe demográfica para la población indígena. La principal causa de aniquilamiento, aún antes que la guerra formal, fue traída por los extranjeros y causó un enorme daño entre una población muy susceptible al virus que la provoca.

 

            Tiempo después se presentaron otras devastaciones epidemias como el sarampión, la Influenza y la Tifoidea. Esta última enfermedad ocasionó que la población indígena se redujera de 3, 300, 000 a 1, 250, 000 individuos, aproximadamente, durante el periodo que va desde siglo XVI hasta mediados del siglo XVII.

 

            Por supuesto, la guerra de conquista determinó en gran medida la muerte de miles de indígenas. Después de tres meses de sitio de Tenochtitlan, según las crónicas, el agua del os lagos se tiñó de rojo y el olor era nauseabundo. Otro factor de mortandad entre los indígenas fueron los malos tratos que recibieron. Cada vez que conquistaban nuevos territorios, los españoles los colonizaban mediante el reparto de tierras y un puñado de indígenas destinados al trabajo entre capitanes y soldados. En muchos casos el trabajo forzado y los severos castigos provocaban la muerte de los indígenas.

 

            Un buen ejemplo de esto fue la explotación de las minas: las condiciones de insalubridad y el atraso de las técnicas españolas de extracción de minerales, sometieron al indígena a un trabajo extenuante que contribuyó en buena medida con una merma notable de su población. El pago del tributo a que estaba obligado el trabajador indígena con los conquistadores, el traslado de regiones frías a zonas cálidas a que fue sometido, las condiciones de vida deprimentes y, sobre todo, el ver destruida su civilización, ocasionaron la dolorosa y rápida disminución de la mayor parte de la población nativa de México. Algunos grupos se refugiaron en las montañas o huyeron hacia lugares agrestes para vivir lejos del alcance de los españoles.

 

Los Componentes del Proceso de Mestizaje

 

            Cuando el español Gonzalo Guerrero naufragó en costas yucatecas, no imaginó que tiempo después se uniría a una mujer maya que le daría los primeros hijos mestizos de estas tierras. Años después, durante la expedición de conquista, los europeos recibieron doncellas como regalo de parte de los caciques indígenas. Estos obsequios fueron muestra de hospitalidad, prenda de amistad y señal realianza, al tiempo  que propiciaron la mezcla de dos razas. Tal fue el caso de Malintzin, quien llegó al lado de Hernán Cortés junto con un grupo de doncellas que le obsequiaron en Tabasco, y con quien procreó un hijo, Martín Cortés. A diferencia de otros lugares, en Nueva España fue muy común la unión entre españoles (que eran minoría) y la población indígena (proporcionalmente más numerosa). Esto provocó la formación de un nuevo grupo de individuos de sangre mezclada, la población mestiza. Debido a su patrimonio genético compartió, o bien se parecían más al tipo indígena o bien más al tipo español.

 

 

Introducción de Esclavos Africanos

 

            Desde principios del siglo XVI, el gobierno español autorizó la introducción de esclavos de raza negra en la Nuevo Mundo, debido a la disminución de la fuerza de trabajo indígena. En esos primeros tiempos, llegaron esclavos a las Antillas principalmente. En los inicios de la colonización de Nueva España, los españoles consideraron que la forma de resolver la demanda de trabajo para beneficio de su propiedades era sometiendo a grandes grupos de indígenas. Sin embargo, con la catástrofe demográfica el trabajo indígena tendió a desaparecer. Esto hizo necesaria la importancia de mano de obra de los esclavos africanos.

 

            Fueron compañías francesas, inglesas, holandesas y portuguesas, las encargadas del comercio y la trata de esclavos. Por medio e contratos fueron autorizados para transportar a miles de africanos destinados a trabajar en las colonias americanas. A consecuencia del tráfico de esclavos, África central sufrió una considerable disminución de su población. Los traficantes europeos, con ayuda de sus colaboradores árabes, apresaban hombres, mujeres y niños africanos para enviarlos a nuestro continente. Fue así como miles de individuos llegaron a la Nueva España y se convirtieron en un componente más de nuestra población.

 

Las Relaciones Sociales y la Diversidad Étnica

 

Las relaciones sociales en Nueva España estaban determinadas por el dominio de los españoles peninsulares sobre el resto de la población. Esto dio por resultado una sociedad colonial con grandes injusticias y desigualdades. Aunque constituían minoría, los españoles encabezaban la estructura social pues eran dueños de la mayor parte de las tierras, minerías y comercios. En sus manos estaba la dirección del gobierno y de la Iglesia. Vivían en las ciudades y dominaban el resto de la población.

 

El segundo escaño de la escala social lo ocupaban los criollos, hijos de españoles nacidos en Nueva España. En general también vivían en las ciudades. Eran dueños de haciendas o ranchos de mediana importancia, ocupaban los puestos secundarios en el gobierno o ejercían la profesión de clérigos, abogados y oficiales del ejército. Aunque hubo peninsulares activos y emprendedores, los criollos eran más cultos que sus padres. Sus distintas costumbres y formas de pensar fueron marcando diferencias entre ellos. Los españoles, que tanto debían a la colonia, no se identificaban plenamente con ésta. En cambio los criollos comenzaron a sentir cariño por su tierra y se puede decir que al paso de los años adquirieron un vago sentimiento de nacionalidad.

 

Los indígenas legalmente no eran esclavos como la población negra; pero el trabajo extenuante a que fueron sometidos los redujo a una condición semejante. Aunque algunos frailes, particularmente los dominicos, intercedieron ante los reyes españoles para que se les tratara bien, los colonizadores hicieron a un lado las leyes y cometieron con ellos los mayores atropellos; los despojaron de sus tierras, los sometieron a una dura servidumbre y, en el mejor de los casos, los empleaban en el servicio doméstico. En las regiones alejadas del centro de la colonia, muchos grupos indígenas conservaron sus tierras, su idioma, sus tradiciones y su identidad.

 

Los esclavos africanos trabajaban en las tareas más pesadas de las minas, los ingenios azucareros, la ganadería, los talleres donde se hacían telas y el servicio doméstico. Quedaron sujetos a severas restricciones y prohibiciones: no tenían derecho a reunirse públicamente ni a salir de noche, tenían prohibido usar armas, joyas y jamás podían montar a caballo. Muchos morían jóvenes por el duro trabajo y las pésimas condiciones de vida. Algunos, los llamaban “cimarrones”, se rebelaban y refugiaban en regiones aisladas donde formaron pueblos independientes.

 

Los mestizos trabajaban en las minas, las haciendas, y los ingenios; también eran sirvientes, artesanos, mayordomos, arrieros y pequeños comerciantes. Vivían en pequeños pueblos. El propósito inicial del gobierno español estuvo encaminado a una total separación entre los diversos grupos étnicos, situación poco menos que imposible, sobre todo por la presencia de tantos mestizos que se debían a uno o a otro y a que en realidad todos convivían en la calle, los centros de trabajo y aún en las casas. Este tipo de convivencia convirtió a Nueva España en una sociedad de múltiples tradiciones culturales.

 

Las castas con la conjunción de tres elementos raciales, el español, el africano y el indígena, se formaron las castas, a saber: mestizos, producto de la mezcla entre españoles e indios; mulatos, procreados entre españoles y africanos; y zambos, resultado de la mezcla de indígenas con africanos. Además, paulatinamente se produjo la mezcla de unas castas con otras, lo que acarreó una gran variedad étnica en Nueva España. Con todo y ser el sector más útil de la sociedad, las castas sufrían en carne propia los prejuicios racistas de los peninsulares, que llegaron incluso a elaborar una terminología o nomenclatura basada precisamente en las diferencias de color en la piel.

 

Clasificación de la población:

1.      Blanco o Español

2.      Indígenas o aindiados

3.      Negros, divididos en:

a)     Atezados o retintos (de color muy oscuro).

b)     Amembrillados o amulatados, que a su vez se clasificaban en cafres de pasa o merinos.

4.      Mulatos, divididos en:

a)     Mulato blanco (de negro y blanco)

b)     Mulato morisco (de blanco con el mulato blanco). Se confundía fácilmente con los español

c)      Mulato prieto (de negro con mulata). Se confundía fácilmente con los hijos de negros  e indios o mulatos pardos.

d)     Mulato pardo (de negro con indígena). Era muy numeroso.

e)     Mulato Lobo (de mulato pardo con indígena)

f)        Mulato alobado (de mulato alobado con indígena)

g)     Indígena alobado (de mulato alobado con indígena). Se confundía fácilmente con el indígena.

5.      Mestizo, divididos a su vez en:

a)     Mestizo blanco o simplemente mestizo (español e indígena)

b)     Mestizo castizo (de mestizo blanco con español). Se confundía con el blanco

c)      Mestizo pardo (de mestizo blanco con mulato pardo). mulatos. Se confundía con los mulatos. Se llamaba también coyote.

d)     Mestindio (de mestizo blanco con indígena). Tendía a confundirse con la masa indígena.

 

 

La situación de los pueblos indígenas

              

               Los indígenas fueron objeto de una terrible explotación y de una violencia generalizada; junto con los esclavos negros, constituyeron el grupo social más discriminado y explotado de Nueva España. Solo un pequeño grupo de caciques indígenas, aliados con los españoles, disfrutaban de privilegios. Con el propósito de acabar con esta situación, grupos de indígenas de Oaxaca, Veracruz, Yucatán, Sinaloa y Sonora organizaron casi cien rebeliones durante la época colonial. En 1761 Jacinto Canek dirigió una de las revueltas más notables de los indígenas mayas de Yucatán.

 

               Las sublevaciones indígenas se produjeron por la penetración española, el desarrollo de centros de colonización europea en tierras de los grupos indígenas, el rechazo de la conquista espiritual impulsada por los frailes y misioneros, la congregación forzada de la población, la implantación y desarrollo del sistema de encomiendas, le pago del tributo y los sistemas de reclutamiento de mano de obra indígena.

 

 

LA ECONOMÍA COLONIAL

 

               Durante el proceso de colonización, los españoles tomaron el control de las actividades productivas de mayor rendimiento como la minería; junto con esto, realizaron una sistemática explotación del trabajo de indígenas, negros y castas, que constituyó la base de la economía colonial.

 

La explotación de materias primas y metales preciosos

 

               En tanto hallaban los ansiados metales, los peninsulares comenzaron la explotación de la masa indígena, obligándola a trabajar las tierras en su beneficio. En sus nuevas propiedades, los colonizadores aclimataron plantas aquí desconocidas, tales como el plátano, el arroz y la cañaza de azúcar que crecieron en regiones tropicales; el trigo, que prosperó en las tierras templadas y frías; árboles frutales: manzanos, perales, ciruelos, naranjos; hortalizas: cebollas y ajos; flores: rosas, claveles, jazmines y lirios; y lograron producir vainilla, añil y tabaco. A lo largo del siglo XVI promovieron además la cría de gusano de seda y el cultivo de morera, café, lino, cáñamo, vid y olivo, que fueron prohibidos al poco tiempo.

 

               La agricultura tenía mediana relevancia en esa época. Los productos  tradicionales más los de origen europeo únicamente cubrían la demanda de los habitantes de la colonia. Algunas materias primas como la granada (pintura roja que los indígenas sacaban de la cochinilla, insecto que crece en los nopales), se trabajaban intensamente para su exportación.

Por otro lado, los descubrimientos de ricos yacimientos de oro y plata pronto convirtieron a la minería en la principal actividad de la Nueva España. Los peninsulares se habían trasladado hacia América buscando este tipo de fortuna, ya que en esos tiempos el concepto de riqueza se basaba en la cantidad de metales precisos que una persona o gobierno poseyera (en Europa se tiene su auge el MERCANTILISMO). Si agregamos que la Corona percibía impuestos importantes por metales extraídos, comprenderemos el porque de su relevancia.

La apropiación de las tierras por parte de los conquistadores y los nuevos tipos de explotación de la tierra; la formación de la propiedad

 

               Por el derecho que les daba el haberla conquistado, la tierra pasó a manos españolas inmediatamente después de la rendición indígena. Los soldados de Cortés, como pago o remuneración de los servicios prestados a la Corona, fueron los primeros beneficiarios del reparto agrario. El propio Cortés entregó una extensión de tierra llamada peonías a los hombres de infantería, y cinco peonías a los de caballería.

 

               Con la conquista la tierra cambió legalmente de dueños, y correspondió exclusivamente a los reyes trasmitir a los particulares la propiedad de algunas extensiones de la misma, llamadas mercedes reales. También mediante el denominado recurso de composición, consistente en el pago de una cantidad para que se reconociera la propiedad, a algunos españoles les fue permitida la legitimación de la posesión de tierras de las que se habían apropiado sin autorización previa. Ahora bien, para la explotación de la tierra, de acuerdo a la costumbre seguida en las antillas, en Nueva España se estableció la denominada Encomienda.

 

               La encomienda fue un sistema que teóricamente consistió en el reparto de indígenas a conquistadores y demás pobladores españoles. El encomendero quedaba obligado a enseñarles el cristianismo a sus encomendados, y éstos a cambio quedaban obligados a prestarles a aquéllos servicios y a pagarle tributo para el desarrollo de sus actividades productivas. Sin embargo, los encomenderos nunca respetaron sus obligaciones, se apropiaron también de las tierras de los indígenas e hicieron de la encomienda un sistema de expoliación.

 

               Con el descubrimiento de nuevas tierras la necesidad de trabajadores crecía. Periódicamente ciertos indígenas eran prácticamente arrancados de sus comunidades y obligados a trabajar en esos lugares alejados, a cambio de infames pagos casi siempre en especie. Con el tiempo y dado que el trabajo del indígena seguía siendo fundamentalmente, a éste no le quedó otra alternativa que trabajarle al terrateniente a cambio de un mísero jornal o pago.

 

               Aunque hubo medianos y pequeños propietarios, el mayor poder económico recaía en los dueños de extensas propiedades. Las grandes extensiones de tierra habían constituido un estimulo para los españoles que se aventuraron a colonizar las tierras conquistadas. Así, entre quienes iban a fundar pueblos se repartían enormes terrenos, tanto para constituir sus casas como para sus plantaciones.

 

               Al paso de los años las vastas extensiones crecieron aún más porque los terratenientes tendieron a absorber, ya por compra o ya cobrando deudas a los indígenas, la pequeña propiedad de los pueblos, creando con esto los latifundios. Los dueños particulares de latifundios, generalmente vivían en las ciudades y sólo se preocupaban por recoger la renta de sus tierras. La iglesia también logró acaparar grandes extensiones territoriales, que por lo general se mantuvieron improductivas.

 

 

 

 

La Evolución de la Agricultura en las Comunidades Indígenas

 

               La agricultura indígena también sufrió una serie de cambios cuando las decisiones de qué sembrar, dónde, cuándo, y qué cantidad, fueron absorbidas por los españoles. Durante los primeros tiempos de la colonia los indígenas continuaron sembrando en forma tradicional maíz, fríjol, calabaza y chile. Poco después, los españoles introdujeron el trigo, el arroz y otros productos que, por verse obligados a sembrarlos en tierras de españoles, en un principio quizás fueron rechazados por los indígenas. Se introdujeron nuevas técnicas, instrumentos de labranza y formas de producción totalmente desconocidas para los indígenas, tales como el arado con punta de acero, la rueda y los animales de tiro (buey), de carga (caballo y asno) y los de suministro de alimentos como el cerdo, la vaca y la oveja. Estos bienes pertenecían por lo general al patrón.

 

               Los indígenas se vieron definitivamente afectados por los sistemas de trabajo que implementaron los españoles y a los que tuvieron que adaptarse en perjuicio de su propia economía. En algunas zonas se fueron sustituyendo los cultivos indígenas para que con el tiempo se implementara el monocultivo, esto es, el dominio de un cultivo en tierras que antes se dedicaban a varios. Tal fue el caso de la caña de azúcar en lo que ahora es el Estado de Morelos.

 

               La agricultura indígena quedó limitada a terrenos de propiedad comunal que consistía, principalmente, en montes para hacer leña y ejidos o lugares cercanos a los pueblos, destinados a descargar y limpiar las cosechas de los vecinos. Sin embargo, los productos prehispánicos persistieron en la dieta del indígena y del mestizo.

 

La minería y sus efectos económicos y demográficos

 

               Como se ha señalado, en la economía de Nueva España la actividad más importante fue la minería. Desde los primeros días de establecido el dominio español. Hernán Cortés procedió a la búsqueda y descubrimiento de minas. Aunque su objetivo primordial era el hallazgo de oro por la riqueza en sí, también le interesaba encontrar minerales para uso industrial, como el cobre para la fabricación de cañones o el estaño para utensilios de cocina.

 

               Los logros que la minería colonial alcanzó fueron posibles gracias a la política proteccionista de la Corona, a la prohibición de que la Iglesia interviniera en el negocio de las minas y a la abundancia de minas de plata en territorio mexicano, completamente por la mano de obra gratuita o muy barata de negros  e indígenas. Las primeras minas que explotaron los españoles fueron Taxco y Zumpango (Estado de Guerrero), Sultepec y Tlalpujahua (Estado de México), enseguida Etzalán y Xoltepec (Estado de Jalisco) y ya a mediados del siglo XVI, se descubrieron los yacimientos argentíferos de Zacatecas, Pachuca y Guanajuato.

 

               En el siglo XVII la minería decayó, pero en el siglo XVIII, con el descubrimiento de nuevos yacimientos, la extracción de plata creció rápidamente, con lo que Nueva España se convirtió en el mayor productor de plata del mundo y en la colonia más importante del Imperio español. Para la extracción y explotación mineras, los españoles se valieron de técnicas muy atrasadas, como el Beneficio de Patio o amalgamación, inventado por Bartolomé de Medina. Para mejorar esas técnicas se fundó en 1792 el Colegio de Minería..

 

               Al amparó de la minería se desarrollaron el uso de la moneda, el comercio y las comunicaciones. Asimismo constituyó un fuerte impulso para el crecimiento territorial, pues los yacimientos de plata descubiertos en el norte prácticamente llevaron hacia allá a los frailes misioneros, agricultores, ganadores y comerciantes que, para finales del período colonial, habían creado ya en esa región una zona económica muy dinámica, especialmente poblada por los criollos y mestizos.

 

Los Monopolios Estatales y sus Consecuencias Sobre la Economía Colonial

 

            La agricultura y la minería, entre otras actividades económicas promovieron el desarrollo del comercio. Sin embargo, el libre comercio se vio obstaculizado porque el gobierno español, para evitar la creación de una industria colonial, estableció una serie de monopolios estatales, esto es, dictaba una serie de restricciones para controlar la elaboración de algunos productos, con el objeto de proteger el comercio y la industria de España. Las industrias de la pólvora, el tabaco, la sal, el mercurio y otros productos, fueron objeto de estancos, es decir, de monopolios del gobierno. Para efectos comerciales. Se fundó la Casa de Contratación de Sevilla, que era la autoridad para:

 

*        Conceder permisos y recadar los impuestos para la importación y la exportación.

*        Armar embarcaciones y supervisar mercancías.

*        Recibir el Oro dirigido a la Corona y a los particulares.

*        Vigilar que los barcos empleados en el comercio fuesen construidos en España y tripulados por españoles.

*        Estudiar y resolver los litigios entre los comerciantes.

 

Esta política proteccionista de la Corona, lejos de favorecer a España. Ocasionó su decadencia, pues fomentó el contrabando, la salida de moneda y la piratería, que sirvieron para enriquecer a otros países europeos. Además, en Nueva España favoreció el enriquecimiento  de un grupo de criollos y peninsulares que concentraron gran poder, y cuya participación sería determinante durante el proceso de independencia.

 

La Evangelización y su Extensión en el Territorio

 

               Aunada a la conquista militar y al sometimiento económico, los españoles se afanaron en la conquista espiritual, es decir, en inculcar al indígena la doctrina y la práctica de la religión cristiana. A este proceso histórico lo conocemos como evangelización.

 

               Aunque desde su arribo a tierras mexicanas algunos frailes acompañaban a Cortés en su empresa, fue tiempo después cuando la Corona española intervino directamente en la organización de la Iglesia en la colonia. Con la finalidad de propagar la fe cristiana entre la población indígena, arribaron a Nueva España gran cantidad de frailes y misioneros de distintas órdenes religiosas. Pronto se dieron a la empresa de construir iglesias y monasterios, principalmente donde había estado los templos de indígenas, pero también en otros sitios. En los primeros tiempos de la colonia cada iglesia tenía anexa una escuela en la que los religiosos se encargaban de la evangelización de los naturales.

               Para enseñar mejor, estos perseverantes frailes aprendieron las lenguas indígenas. Una vez que las conocieron, les fue posible la impresión de libros, catecismo y gramáticas útiles para la evangelización. Algunos de estos misioneros recogieron la historia antigua de los mexicanos, como fue el caso de La Historia general de las Cosas de la Nueva España, redactada por Fray Bernardino de Sahagún.

              

               Aunque en ocasiones se siguieron venerando en secreto, poco a poco los religiosos fueron consiguiendo reemplazar los antiguos dioses de los indígenas por imágenes cristianas. Por ejemplo, el culto en honor de la Diosa Tonantzin, que fue sustituido por el de la Virgen de Guadalupe.

 

               Al paso de los años, la difusión de la religión católica abarcó en su totalidad el territorio de Nueva España. La dirección que siguió la penetración evangélica puede observarse a través de los conventos que se fueron construyendo. Las primeras construcciones religiosas se ubicaron en la parte central del país, circunstancia que se explica por su clima, sus condiciones económicas y porque era la más densamente poblada de la Nueva España. Después, la cruzada religiosa se dirigió hacia el occidente y el sur, posteriormente hacia el norte, a lugares tan lejanos como Nayarit, sonora, Chihuahua y las Californias. Pese al gran esfuerzo, en muchos lugares se conservaron algunos ritos y creencias prehispánicas.

 

Las Órdenes Religiosas

 

               Tan pronto tuvieron noticia de la conquista de México, varias órdenes religiosas se dispusieron a viajar a estas tierras. Los primeros en llegar, en 1523, fueron los franciscanos, quienes establecieron sus primeros monasterios en Texcoco, Tlaxcala y Huejotzingo; después fundaron los monasterios de Cuernavaca, Tlalmanalco y Toluca. Además, para realizar una mejor evangelización, establecieron misiones y hospitales en el centro y en el occidente de México. Un gran benefactor de indígenas pertenecientes a esa congregación fue Fray Pedro de Gante.

 

                Tiempo después vinieron los dominicos, quienes extendieron su obra por algunos lugares mencionados anteriormente, llegaron a estados como Oaxaca y Chiapas, donde establecieron conventos y escuelas de oficios. De entre ellos destacaron Domingo de Betanzos y Bartolomé de las Casas. En 1533 llegaron los agustinos, quienes al encontrar grandes regiones ya ocupadas por sus antecesores, se establecieron de manera más dispersa. Realizando su obra misionera y fundaron orfanatorios en zonas no ocupadas por otras órdenes, por ejemplo en regiones otomíes y Mátlalzingas del México central, en la sierra de Puebla y en algunas partes de Michoacán.

 

               Ya tarde, llegaron los jesuitas, quienes dedicaron principalmente a la enseñanza, fundaron instituciones educativas, sobre todo en las grandes ciudades. Su influencia misionera se extendió por el norte y noroeste de Nueva España. Hubo otras órdenes de menor importancia como los Hipólitos (fundadores del hospital creado aquí en la ciudad de Xalapa, lo que actualmente es el palacio de gobierno), los juaninos y los betlemitas que se dedicaron a abrir hospitales y curar enfermos; los mercenarios, los carmelitas y los dieguinos, cuyas obras de beneficencia han quedado huella. Había conventos para mujeres, que se dedicaban a las mismas obras de beneficencia.

 

               En general, las órdenes religiosas creyeron indispensable eliminar toda manifestación de las creencias indígenas, con el fin de imponer el cristianismo. Fue así como destruyeron templos, ídolos y códices. Al mismo tiempo, se percataron de la importancia de evangelizar a los hijos de los nobles indígenas, quienes, por ser niños, aprendieron pronto y mejor.

 

               Las primeras órdenes que llegaron formaban parte del clero regular, es decir, aquel que está sujeto a ciertas reglas como vestir traje especial (hábito) y vivir en comunidad (monasterio, convento), además de practicar la pobreza, la humildad y la caridad. Acordes con sus votos religiosos, los primeros frailes no sólo enseñaban la doctrina de la religión cristiana, sino también trasmitieron a los indígenas formas de vida y conocimientos europeos; fundaron templos y hospitales, abriendo caminos y campos, enseñaron al indígena nuevas técnicas de cultivo y junto con ellos se pusieron a roturar campos, entre otras obras de utilidad pública.

 

               El ejemplo y las virtudes de estos primeros misioneros atrajeron a los indígenas, de quienes se volvieron defensores ante los atropellos de los españoles. Tal fue el caso de Fray Toribio de Benavente, a quien los naturales llamaban MOTOLINÍA. Eclesiástico e historiador español realizó su labor evangelizadora principalmente en Centroamérica, donde fundó varios conventos y trabajo en defensa de los indígenas. Realizó además una importante contribución al estudio de la civilización mexica con la obra Historia de los Indios en la nueva España.

 

               A fines del siglo XVI, cuando ya los frailes habían hecho el trabajo evangelización, llegaron los integrantes del clero secular, quienes desplazaron a los primeros hacia tierras  más lejanas. A diferencia de los anteriores, los curas o sacerdotes vivían libremente en las iglesias. Entonces, con el trabajo de indígenas, se construyeron catedrales, parroquias, iglesias, capillas y oratorios.

 

               Aunque, por razón de su ministerio, los sacerdotes entraron en contacto directo con la gente del pueblo, a diferencia de los ministerios entendieron poco al indígena y prácticamente no lo ayudaron en nada. Principalmente se dedicaron a hacer crecer  y asegurar los ingresos económicos y las propiedades de la iglesia.

 

               Una importante labor del clero secular fue la organización de los dominios eclesiásticos de la colonia en demarcaciones llamadas Arzobispados y Obispados. Del Arzobispado de México dependían los obispos de Puebla y Tlaxcala, Guadalajara y Michoacán, Oaxaca, Chiapas y Yucatán. Por otro lado, fue establecido en Nueva España el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición para “vigilar” a españoles y extranjeros sospechosos de herejía o de ataque a los dogmas y prácticas de la Iglesia Católica. Por su misma condición, los indígenas quedaron excluidos de la acción de dicho tribunal

 

 

 

 

 

 

 

 

Relación Iglesia – Estado durante la colonia

 

               La corona Española dictó disposiciones para que hubiera armonía entre las autoridades civiles y eclesiásticas, manteniendo a cada una dentro de su propia esfera de acción. Pero el clero ejercía una poderosa influencia en la sociedad y se oponía en muchas ocasiones a los mandamientos del gobierno; cuando éste trataba de imponerse surgían conflictos que perturbaban la paz pública. En ciertos casos la Corona se vio obligada a utilizar medidas drásticas para contener la influencia y ambiciones del clero, prohibiéndose acumular bienes y domar territorios o regiones donde algunas órdenes se habían establecido para realizar la evangelización.

 

               Punto culminante de estos conflictos en lo s que el gobierno trató de limitar ese poder, fue el que tuvo lugar en el siglo XVIII: influidos por las doctrinas liberales, Carlos III consideró necesario sujetar la Iglesia a su gobierno, por lo que dictó varias disposiciones con el objeto de hacer contribuir al clero con los gastos públicos a este hecho se le conoce como la Reforma Borbónica. No obstante que los jesuitas poseían casas, seminarios, residencias y misiones distribuidas en distintas ciudades de Nueva España, no estuvieron dispuestos a colaborar económicamente con la Corona, por lo que se convirtieron en un obstáculo y fueron expulsados de los dominios españoles en 1767.dos años después se vendían sus propiedades; pero su expulsión provocó graves motines en varios lugares del país, que pusieron en peligro la paz del virreinato.

 

La formación del poder económico de la iglesia en la colonia

 

               A través del Patronato Real, la iglesia de América pasó a ser dependencia de los monarcas españoles, desde los primeros tiempos de la colonia. Dotada de tierras para su sosteniendo, la Iglesia tenía opción re recibir otros recursos que aseguraran su dominio espiritual y material. Como las tierras de su propiedad eran trabajadas por los indígenas, el clero pudo levantar templos, monasterios, hospitales y escuelas por todo el territorio de Nueva España. Contaba además con donaciones, limosnas, obvenciones parroquiales (pago de los servicios religiosos como misas, bautismo, matrimonios).

 

               Otra fuente muy importante de recursos eran los intereses que la Iglesia obtenía por los préstamos que otorgaban a hacendados y agricultores mediante la ganadería de bienes raíces. Cuando el deudor no podía finalmente pagar el préstamo, dichos bienes raíces quedaban hipotecados o pasaban a propiedad de la Iglesia, durante el siglo XIX se convirtieron en bienes de mano muerta. Pero la fuente principal de ingresos del clero fue el diezmo, la décima parte de los sueldos y ganancias de todos los trabajadores y comerciantes mestizos, criollos y españoles. Las autoridades civiles colaboraban en su recaudación. Fue tal el poder económico de la Iglesia, que llegó a contar con juzgados, anexos a los obispados, para operaciones financieras. Esta enorme riqueza acumulada dio al clero una enorme fuerza política que llegó a preocupar a los gobernantes peninsulares y novohispanos.

 

 

 

 

 

Los factores que influyeron en la cultura novohispana

 

               Los tres siglos de colonización produjeron la amalgama de culturas que lentamente se diversificaron y de las cuales somos producto los mexicanos.

 

               La cultura mexicana tiene sus raíces en la herencia de las antiguas sociedades mesoamericanas y en las innovaciones que el pueblo español aportó a partir del siglo XVI. Al mismo tiempo que la religión cristiana se fundía con los ritos mesoamericanos, el castellano incorporaba innumerables vocablos indígenas, y los aportes científicos europeos se conjugaban con los prehispánicos. En literatura, arquitectura, escultura, pintura y ciencias se puede observar esta nueva cultura mestiza, creada entre indígenas y europeos, y que  fue estimulada con la aparición de la imprenta.

 

               En cuanto a la actividad histórica, se puede destacar al primer cronista español, Bernal Díaz del Castillo, autor de La historia verdadera de la conquista de la Nueva España; al indígena Fernando de Alba Ixtlixóchitl escribió la Historia Chichimeca; y más tarde el criollo Diego Durán, redactó la Historia de las Indias de la Nueva España.

 

               En lo que a ciencia se refiere, los conocimientos europeos se agregaron a los ya existentes en los pueblos mesoamericanos; tal fue el caso de la traducción al latín de los tratados de herbolaria nativa. Asimismo, hombres de ciencia europeos y novohispanos realizaron valiosas aportaciones: Andrés Manuel del Río descubrió en 1801 el elemento químico N° 23, al cual denominó eritronio y que injustamente  se le atribuyó a un científico sueco llamado Sefstroem, quien redescubrió el elemento en 1830 y le llamo vanadio; Eusebio Kino comprobó que California era no solo una isla sino una península; Antonio león y Gama descifró el calendarios azteca; por su parte, José Antonio Alzate habló de la existencia de una relación directa entre las manchas solares y los ciclos agrícolas y comprendió la importancia de seguir los pasos de un método experimental.

 

               En arquitectura, pintura y escultura se importaron los estilos imperantes en la metrópoli y fueron adoptados a un medio geográfico diferente; en todos y cada uno de ellos quedó plasmado el gusto de quienes realizaban el trabajo artesanal, en este caso los indígenas, quienes dejaron huella principalmente en la ornamentación.

 

Las características y las funciones de la Universidad Real y Pontifica

 

               La Real y Pontificia Universidad de México fue fundada por el rey Carlos V mediante cédula expedida del 21 de septiembre de 1551 y llegó a constituirse en las más importante escuela para peninsulares y criollos en nueva España. Organizada a semejanza de la universidad de salamanca, la más prestigiada en España, inauguró sus clases el 25 de enero de 1553, y entre sus primeros catedráticos figuraron Fray Alonso de la Veracruz y el doctor Francisco Cervantes de Salazar. Las universidades se dividían entonces en cuatro facultades: la de Teología, considerada fundamental; la de Derecho, civil y canónica; la de Medicina; y la de Artes. Las artes eran siete, divididas en dos grupos: el Trivium (trivio o confluencia de tres) y el Cuadrivium (cuadrivio, es decir de cuatro). El Trivium comprendía los estudios de gramática latina, retórica y lógica; el Cuadrivium, los de aritmética, geometría, música y astronomía.

 

               Las clases se dictaban obligatoriamente en latín, canon del que solía exceptuarse a la medicina, que se impartía en español. Con el paso del tiempo, en la universidad  también se enseñó medicina indígena. La Universidad de México tenía la facultad para obtener los grados académicos de bachiller, licenciado y doctor. Por sus aulas pasaron los más distinguidos intelectuales de Nueva España y dado que fue la máxima casa de estudios, llegó a ser verdadera, ente una alma mater  de las ciencias y las letras de nuestro país.

 

Figuras literarias y eruditos: Sigüenza y Góngora y sor Juana Inés de la Cruz

 

               En los comienzos de la colonia las ciencias propiamente dichas no lograron un desarrollo pleno. Sin embargo, con el paso del tiempo los jesuitas introdujeron algunas novedades científicas, como la aplicación de la observación y la experimentación, es decir, el método científico, en el quehacer intelectual. Más tarde llegó la moderna corriente de pensamiento ilustrado europea, seguida por distinguidos estudiosos americanos. A todo esto lo complementó uno de los más notables adelantos técnicos de la época: la imprenta.

 

               Para el siglo XVIII, encontramos a grandes pensadores novohispanos aplicando el método experimental en sus campos de acción, como el matemático Francisco Gamboa, el astrónomo Antonio León y Gama y el enciclopedista José Antonio Alzate. Dentro del campo de la erudición y la literatura, imborrable huella dejaron Carlos de Singüenza y Góngora (1645 - 1700) y Sor Juana Inés de la Cruz (1651 - 1695). El primero representó la más alta expresión de la erudición colonial: poeta, matemático, historiador y geógrafo, a los 27 años obtuvo la cátedra de astrología y matemáticas en la Universidad de México, y era tal su sapiencia que también participó en una controversia científica desatada con motivo de la aparición de un cometa en 1680. Entre sus obras científicas destaca la Libra Astronómica y Filosófica. Nación y murió en la ciudad de México.

 

               Sor Juana Inés de la Cruz nación en el año de 1651, en la hacienda de San Miguel  Nepantla, estado de México. Hija de padre peninsular y madre criolla, creció al lado de su abuelo materno, don Pedro Ramírez, en cuya biblioteca solía estudiar. Sus biógrafos dicen que era tal su inteligencia, que a los tres años sabía leer y a los siete quería ya asistir a la universidad. El contacto con los sirvientes y peones indígenas, la dotó de una gran sensibilidad para con ellos. Aprendió a amar su tierra y a recrear los relatos que escuchaba. En 1665 fue enviada a la ciudad de México, donde fue introducida en la corte como dama de compañía de la virreina. Su curiosidad científica fue puesta a prueba cuando por órdenes del virrey fue sometida a un examen singular en el que intervinieron cuarenta letrados de todas las facultades, y del cual a sus escasos años salió triunfante.

 

               En 1667 entró en el convento de San José de las Carmelitas Descalzas, pero debido a la austeridad de las reglas le sobrevino una enfermedad y tuvo que abandonarlo. Dos años más tarde ingresó en la orden de San Juan Jerónimo, donde profesó como hermana. Ahí realizó los oficios de contadora y archivista. Su deseo de lectura era intenso que llegó a poseer más de 4000 libros y alcanzó un considerable conocimiento en lenguas, filosofía, teología, astronomía, pintura y música. Hacia 1690 hubo una epidemia en la capital de Nueva España. A causa de ella, sus superiores le recomendaron mayor austeridad, por lo que decidió vender su biblioteca y sus instrumentos matemáticos y musicales para ayudar a pobres y enfermos. El convento también fue alcanzado por la epidemia y Sor Juana, conocida como la Décima Musa, atendió a sus hermanas enfermas y contrajo el mal. Murio el 17 de abril de 1695.

La arquitectura colonial

 

               Inmediatamente después de la caída de Tenochtitlan comenzó la edificación de la ciudad de México, que sería capital de la Nueva España. Para levantar las construcciones coloniales, en muchos casos los europeos aprovecharon los antiguos edificios indígenas, tanto su ubicación como sus materiales, y sobre ellos se hicieron templos, conventos y edificios. De acuerdo con el modelo arquitectónico de los españoles, la nueva ciudad fue trazada bajo el siguiente esquema: partiendo de una plaza central en cuyo alrededor se ubican la iglesia principal y los edificios más importantes, se delinearon las calles con un sistema regular de cuadrícula, es decir, cruzando entre sí en ángulos rectos. Cada vez que se fundaba una ciudad se repetía este diseño. Oaxaca y Morelia son otros bellos ejemplos de arquitectura.

 

               En el caso de las ciudades que nacieron a partir de actividades mineras, Guanajuato y Zacatecas por ejemplo, este modelo urbano se alteró. Lejos de seguir un orden, no obedecieron a la regularidad en su trazado, más bien se adaptaron a las peculiaridades que les imponía el relieve abrupto y sinuoso que caracterizó los centros mineros. En trescientos años las ciudades sufrieron transformaciones tanto en el número y actividades de sus pobladores, como en su extensión misma. Los estilos de construcción fueron sucediéndose dando lugar a conjuntos de edificaciones consideradas hoy patrimonio universal.

 

               En un principio la violencia de la conquista impuso un estilo militar, inspirado por la necesidad de afianzar la dominación de los territorios ocupados y le sometimiento de los indígenas. De ahí que los edificios de la época, aún los religiosos, tuvieron el carácter de fortalezas de gruesos muros y formas pesadas, lo que se conoce como el estilo romántico. Consolidada la Conquista, la arquitectura colonial se enriqueció con diversos estilos escultóricos.

 

               El estilo Herreriano, llamado así por su creador Juan de Herrera, y cuyos rasgos principales eran la bóveda de medio cañón y la cúpula hemisférica, produjo dos magníficos ejemplos: las catedrales de México y de Puebla. El plateresco, influencia de la platería sobre la arquitectura, presenta una talla rica y menuda, figuras de animales fantásticos, guirnaldas y medallones, y columnas; de este estilo surgían la cúpula y el campanario, presentes, por ejemplo, en la portada de la iglesia de san Agustín Acolman, Estado de México; la capilla abierta de Tlalmanalco, Estado de México; la de Yuriria, Guanajuato; y en las de Acolman y Atotonilco, en Hidalgo.

 

               Al Barroco, caracterizado por la acumulación ornamental de los elementos arquitectónicos, pertenecen más de la mitad de las construcciones religiosas de Nueva España. La Iglesia y convento de Santo Domingo en Oaxaca y la iglesia de la Profesa en México, construcciones de fines del siglo XVII y principios del XVIII, presentan este estilo. El Churrigueresco, variante española del barroco italiano, creado por presentar mayores exageraciones y fantasías en la ornamentación. En Nueva España quedaron plasmados en el Sagrario de la Catedral de México; en los conventos de santa Rosa de Viterbo y Santa Clara, en Querétaro; y en la iglesia de Santa Prisca en Taxco, guerrero, entre otras.

 

               El estilo Neoclásico, promovido por el español Manuel Tolsá y por el novohispano Eduardo Tresguerras, surgió como una reacción contra el churrigueresco y buscaba volver a la arquitectura de formas clásicas. Bello testimonio del mismo lo encontramos en los templos del Carmen en Celaya, el de Teresitas en Querétaro y en el colegio de Minería en la capital mexicana. Las grandes ciudades fundadas durante el virreinato, ricas en templos y edificios civiles, fueron mudos testigos del acontecer colonial.